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lunes, septiembre 1

I

Dejó la taza de café sobre la mesilla de noche, se puso las gafas y se sentó en la cama. Esa incertidumbre que ahora la invade le había sido familiar en otro tiempo. Es el poder que tiene enfrentarse a una hoja en blanco, aunque hace mucho tiempo que no lo experimenta. Un día quiso probar a vivir mucho y mal y dejó lo de escribir para tiempos mejores.

Retuerce el mechón de cabello revoltoso que le caía frente a los ojos, impacientándose, esperando que la musa aparezca antes de encontrarse a sí misma pensando de nuevo en él. En él y en sus malditos miedos.

Miedo.

A veces el miedo se tiñe de decepción y…

Y ya está perdida otra vez. En él.

2 comentarios:

  1. (He ido viendo cómo actualizabas, pero me parecía correcto empezar por el principio. Como toda buena historia que se precie.)

    (Bienvenida de nuevo)

    Lo malo no es perderse, es no volver a encontrarse. Pero, incluso estando perdida, si sabes dónde estás, quizás no sea tan malo. Es algo conocido ¿no? Entras y sales. A veces hay cierta comodidad y nostalgia.

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    1. ¿Y cuando no sabes dónde buscarte?
      (Gracias por pasar por mi nuevo rincón, creo que seguiré aquí un tiempo)

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