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domingo, diciembre 21

XXVIII Only human

       A veces la vida se resume en una lucha constante entre lo que sientes sin pensar y lo que piensas sin querer. Mi lucha, desde hace meses, ha sido seguir queriendo creer en tus mentiras. Y no las creía solamente, sino que las entendía y las justificaba. En mi cabeza incluso tenían algo de razón y eso para mí es mucho decir. A veces hasta me culpaba a mí misma de todo.

       Podría haber sido más simpática.

       O más amable.

       Más cariñosa.

       Tratar de comprender. O aceptar sin comprender (y a tomar por culo todo el sentido común que la madre ciencia instauró en mí).

       Estar ahí cuando llegaras. Seguir ahí cuando te fueras.

       Ser más paciente, no exigir.

       Apretar los dientes y fingir.

       No enfadarme.

       Podría haber hecho tantas cosas… Lo intenté con todas mis fuerzas, aunque no me creas. Quería ser perfecta, para ti. Para que me quisieras más, aún, todavía. Para que quisieras estar conmigo. Para que no cambiase nada entre tú y yo. Vaya tontería, ¿no? Si el “tú” se separó del “yo” hace tanto que… No tengo perdón.

       Fallé en todo.

       En ser yo misma.

       En ser alguien que tú pudieras querer.

       En intentarlo siquiera.

       No imaginas cuanto daño me hice… Pero necesitaba retenerte. De alguna manera necesitaba que me quisieras, y así poder quererme yo también. Te necesitaba queriendo quedarte. Porque si esto se acaba, si al final resulta que no mentías, que eres el monstruo que no quiero ver, ¿para qué nos ha servido la lucha? (No puedes serlo, joder, no puedes.)

       Tenías que quedarte.

      Tenías que quedarte para que el mundo no me pareciera el lugar frío que me parece ahora. Para que no tuviera este aspecto desolador. Para que siguiera creyendo en las personas. Para estar en casa. Demasiada responsabilidad para una persona que había cerrado su corazon porque no quería volver a sentir, lo sé. Tenías el peso del mundo sobre tus hombros, y yo sólo quería esconderme debajo, a salvo.

       Pero no fui suficiente.

       Y ahora me parece estar viviendo una vida en la que ya no puedo encajar. Tengo el corazón hecho a tu medida exacta.

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