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domingo, abril 19

XLVIII

       - Tío, ¿esa no es…?
       - Mierda –hacía semanas que no la veía. Bueno, desde…- ¿Pero qué coño hace Jaz aquí?
       Una chica rubia, de sonrisa estrecha pero amplias curvas, se acercaba hacia él decidida. Años atrás solía buscarla para pasar un buen rato, pero para él no hubo nada más; nunca había sentido nada por ella. Lo tuvo claro el día que conoció a Emily. Jaz sabía hacer magia (cuando se quitaba el tanga), pero Emily era magia. 
       Apuró un largo trago de su cerveza, intentando disipar a Emily de su mente tan rápido como fuera posible.
       - ¿Qué pasa, ya no saludas a las amigas?
       - Piérdete, Jaz –su tono fue cortante, pero eso no impidió que ella siguiera acercándose-. Emily puede aparecer y no quiero que te vea cerca de mí.
       - Oh, ¿sigue enfadada tu noviecita? –suelta burlona- ¡Sólo fueron un par de besos!
       - Fue UN beso que tú provocaste tirándote encima de mí y que no volverá a repetirse. Lárgate de aquí ahora, Jaz –el buen humor que traía había desaparecido con su llegada y estaba empezando a perder también la paciencia. 
       - Qué humor, chico. Como quieras, me voy. Pero ya sabes lo que dicen: tres polvos, un whisky y adiós a la tontería… Llámame.
       - Que te jodan.

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