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domingo, abril 26

XLIX

     - ¿Qué pasa si de pronto un día te encuentras posponiéndole caricias a la misma piel que, tiempo atrás, te hacía tiritar con un simple roce?
       Leiva observa a Carlos vistiéndose desde su lado de la cama, tapada con una fina sábana.
      - ¿Crees que eso es lo que nos va a pasar? ¿O lo que me va a pasar a mí contigo? Deja de comerte el coco –inquiere éste subiéndose los pantalones.
       Leiva ya no creía nada. Ya no creía en nada.
      - Era sólo una pregunta –responde sin mucha convicción.
       Carlos, ya vestido, se sienta en la cama, a su lado. Toma su cara entre sus manos y la mira a esos impenetrables ojos negros que alguna vez lo habían cautivado.
     - Si no quieres que un fuego se apague –sentencia- tienes que hacer que arda. Y bajar el puto sol si hace falta.

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