Páginas

miércoles, septiembre 2

LX

       Con ella aprendí que aunque los te quiero no siempre tienen ocho letras y que pueden enmascararse detrás de un “calla, tonto”, también pueden fingirse, y que al hielo no lo abrasan las llamas, que el fuego siempre acaba consumiéndose.
     Cuando la conocí estaba rota en pedazos. En aquel momento no llegué a comprender cuánto, pero me propuse la tarea de juntar cada pedazo. Su aroma, su sonrisa incrédula, sus ojos tristes. Toda ella era una melodía que me fue imposible no querer aprender y tocar a cada momento. Y lo conseguí. Joder, no quedaba apenas rastro de aquella chica triste que había conocido. Estaba radiante. Era feliz, feliz de verdad. Feliz consigo misma.
       Había querido enseñarle el significado del amor, y ella lo convirtió en polvo que se esfumó entre nuestras manos. Y se marchó.

4 comentarios:

  1. Personas que vienen, juntan los pedazos y se van. Y lo peor de todo es que no dejan un manual de instrucciones.

    Me alegra de tenerte de vuelta.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo he sido de los dos tipos: de los que se quedan y de los que escapan.

      Eliminar
    2. No siempre puedes estar huyendo, en algún lugar hay que parar, supongo. ¿Qué sería de la vida sin riesgo?

      Gracias, M <3

      Eliminar
  2. Creo firmemente que todo el mundo deja huella en alguien, otra cosa es que nos lo muestren alguna vez. Supongo que hay personas que son del viento y es imposible conseguir que se queden cerca. Van y vienen. Al final hay que decidir si te gustan las tempestades en la cara o más bien las brisas frescas. Me ha quedado muy metafórico todo pero creo que puedes llegar a entenderlo.

    Salud.

    ResponderEliminar