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miércoles, mayo 25

LXVIII Otra vez

De pronto, volver da miedo.

Volver.

Al papel en blanco, a la tinta ensuciándolo con mis manos torpes, a vivir en diferido escondida tras unos relatos, unas palabras, unos personajes que siempre soy yo.
Qué irónico, ¿no? Esconderse y exponerse a la vez. Piel, miedos, sueños, coraza, todo va cayendo.

La chica tímida que se sentaba en la última fila del autobús porque siempre se sintió inferior. O aquella otra que buscaba por las calles a quien perdió tiempo atrás, como si la ciudad ya no fuera la misma, sabiendo que la que es diferente es ella. El antiguo amante del café. La que aborrecía las cursilerías hasta que empezó a vomitar mariposas, y la que odiaba los formalismos y los besos de cortesía. La niña que debía aprender a quererse. La que esperaba que no fueras de usar pajarita, pero ya no lo tiene tan claro. El que quiso enseñar a querer y se quedó sin amor hasta para sí mismo. La del ángel guardián, el que siempre quería más, la que le escribió a su madre y nunca se lo enseñó. La que se preguntaba qué pasaría si posponía caricias, mientras posponía la vida entera. El que quiso esperar y perdió mucho más que tiempo. La que te echa de menos a cada paso, abuela. El que se resistía, el que quería irse, la que quería morderte. El niño que sonríe al encontrar a su madre a lo lejos. El que ya no busca a nadie. La que detestaba la navidad y los cumpleaños. El corazón desbocado, el monstruo, las noches, las despedidas, los domingos. Siempre fui yo.

Y da miedo, pero aquí estoy.

Otra vez.

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