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domingo, febrero 15

XXXIV

Era del tipo de persona que cuando se le cerraba una puerta, construía una ventana que diera de frente al mar; una loca soñadora. Y yo me volví loco también. Qué absurdo me parecía pasar un solo momento lejos de sus caderas; me manejaba a su antojo, y yo me dejaba. No podía creer mi suerte. Sí, mi suerte. Ella era el premio y yo un pobre don nadie. ¿Quién iba a decirme a mí que la mayor suerte sería que desapareciera de mi vida?
Hoy me he cruzado con ella y, aunque no me quitaba los ojos de encima, no ha sido capaz de mirarme a los ojos. Yo no he necesitado hacerlo. Qué sentido tiene mirar al pasado si el futuro te espera con los labios color cereza y los brazos abiertos, justo a tu medida.

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