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domingo, noviembre 2

XVI

       Pongamos que aquel día tenía prisa y no dejé pasar el autobús. Pongamos que no tiré la cartera al suelo justo delante de tus botas marrones como excusa para acercarme. Pongamos que no me miraste avergonzada mientras yo me disculpaba y preguntaba tu nombre. Pongamos que no respondiste y no pude invitarte a un café. Solo, con mucho azúcar. Pongamos que no te llamé amarga y te pedí, por favor, que lo repitiésemos otro día. Pongamos que no me diste tu teléfono y te llamé aquella misma noche. Estoy viendo la luna, asómate a la ventana... es preciosa, ¿verdad? Pongamos que no me llamaste tonto y que no te reíste, que no te entraron ganas de seguir conociéndome entonces. Pongamos que no me propusiste quedar ese sábado y hacer un picnic, porque siempre fuiste tan de campo siendo yo tan de playa. Pongamos que no llovió aquel día y nos empapamos. Pongamos que nos importó y no nos quedamos luego en tu portal hablando, mirándonos. Pongamos que no te acercaste y que no me lancé a tu boca. Pongamos que no me invitaste a subir. A por una toalla y algo seco, dijiste. Pongamos que no nos desnudamos entre risas y ansias. Pongamos que no estás durmiendo al otro lado de la almohada ahora mismo y vivámoslo todo de nuevo.

       - Disculpe señorita, se me ha caído la cartera…

3 comentarios:

  1. No moles tanto, que me das escalofríos y ya no está el tiempo para estos menesteres.

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  2. Francamente, el final me ha sorprendido, siendo la parte que más bonita ha hecho toda la historia.
    Muchísimas gracias por sacar una sonrisa a quien te lee. Te sigo desde ahora :)
    ¡Un abrazo!

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    1. Tú también me has sacado una sonrisa a mí :)
      Encantada de tenerte por aquí, N

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